miércoles, 27 de abril de 2011

Gratitud

Gracias aroma
azul,
fogata
encelo.
Gracias pelo
caballo
mandarino.
Gracias pudor
turquesa
embrujo
vela,
llamarada
quietud
azar
delirio.
Gracias a los racimos
a la tarde,
a la sed
al fervor
a las arrugas,
al silencio
a los senos
a la noche,
a la danza
a la lumbre
a la espesura.
Muchas gracias al humo
a los microbios,
al despertar
al cuerno
a la belleza,
a la esponja
a la duda
a la semilla
a la sangre
a los toros
a la siesta.
Gracias por la ebriedad,
por la vagancia,
por el aire
la piel
las alamedas,
por el absurdo de hoy
y de mañana,
desazón
avidez
calma
alegría,
nostalgia
desamor
ceniza
llanto.
Gracias a lo que nace,
a lo que muere,
a las uñas
las alas
las hormigas,
los reflejos
el viento
la rompiente,
el olvido
los granos
la locura.
Muchas gracias gusano.
Gracias huevo.
Gracias fango,
sonido.
Gracias piedra.
Muchas gracias por todo.
Muchas gracias.
Oliverio Girondo,
agradecido.


lunes, 25 de abril de 2011

Epígono

Quién les ordenaba, quién las alineaba.
Ellas convencidas de su destino,
caminaban seguras sobre la línea divisoria de las baldosas de mi patio.


Pasaron los años.

Crecí.

Viajé.


De regreso, en la casa que fuera de mis padres,
las miro con el mismo asombro.

Es su destino o es el mío.
Cruzan derechas, negras, apuradas.
Me acerco en silencio.
Más allá la indiferencia las describe.
Las piso mientras pienso.
Bahira Sabá

miércoles, 20 de abril de 2011

Golondrina


(tengo un hermano golondrina, al que su esposa golondrina debe haberle dicho algo así...)


         Cuando te miré a los ojos, me di cuenta de que tenías mirada de golondrina. En realidad no me di cuenta enseguida, pasaron más de dos años. Aunque fuiste dejando indicios.
         Te tiraba migas de pan para que volvieras a casa, y vos dejabas que se las comieran otros pájaros.
         Tanto te gustó París que me dijiste que viviésemos ahí. Te descalzaste y agradecías a dios mojar tus pies en la Fontana. Te desnudaste en Ibiza. En Río de Janeiro  comiste seis choclos en la playa. Jamás dijiste que la carne era dura. Al bebe lo quisiste llamar como aquella calle de Florencia donde nos besamos una hora de reloj.
       Ahora me decís que no querés vivir más acá. Que te sentís un extranjero…
       Bueno, después de todo puede ser.
       Si te miro con detenimiento, veo que debajo del suéter se te adivinan las alas.

Bahira Sabá

Tengo un amigo gato!!!

         Tal vez porque es felino, es mi mejor amigo. Comparte la sabiduría animal de los escurridizos.
        Tiene amores variables, no come de las manos, no sabe dormir en cama ajena. Le gustan los cuadros, los colores, maúlla a  la luna y  las estrellas.
        Es un gato burlón de siete vidas, que lleva gastadas más de treinta. Por las noches sus ojos son amarillos y habla! Habla otras lenguas, aprendidas en academias a las que asistió sin condición de gato. No sabe de autos ni de grandes fortunas.
       Viaja a Londres disfrazado de humano y cuando llega va a  teatros, regresando a su condición felina, se tira en almohadones y lame sus bigotes escuchando a Willians o una ópera.
       A veces viene, ronroneamos un rato, charlamos arameo y se escapa de nuevo, trepándose a los techos, para mirar la vida, despojado.
Bahira Sabá

martes, 19 de abril de 2011

Las babas del diablo


“Ahora pasa una gran nube blanca, como todos estos días, todo este tiempo incontable. Lo que queda por decir es siempre una nube, dos nubes, o largas horas de cielo perfectamente limpio… “Julio Cortázar”

                Quien no vive en esta ciudad, no ha visto las babas del diablo. En otros pueblos, las babas son hilos diminutos que el diablo teje a contraluz del cielo. En mi ciudad, en cambio, el diablo parece tejer desenfrenadamente, de poste a poste, sobre los techos de las casas, enormes marañas transparentes que envuelven este infinito caserío.

                Intendentes, científicos, docentes, han ambicionado desterrarlas, sin éxito. Me han contado mis abuelas que mujeres sabias y sanadoras emprendieron conjuros sobre ellas, quemando inciensos y jazmines, pero las babas eternas como el mal, han seguido implacables obstruyendo el cielo.

                Cuando salgo por la mañana de mi casa, imagino tijeras  que las rasgan y dejan pasar las nubes que hasta ahora no logran transitar.

                Solo podemos conformarnos cuando luego de la lluvia, la ciudad se torna un arcoiris, las babas reflejan los rayos de sol y descomponen los colores sobre las veredas. Dura minutos, pero la ciudad se ve feliz y los funcionarios inauguran cada calle con  nombre de matices. Es tal el desvarío que con la próxima lluvia todos han olvidado el nombre que dieron  y uno no sabe ya si vive en Celeste o  Amarillo. La consecuencia desagradable es que nadie puede encontrarse y los carteros extravían a deudores y a enamorados.

                Vivimos en el desencuentro, acostumbrados, sí acostumbrados. Pero cada habitante de este pueblo mantiene una  silenciosa y avergonzada llama,  esperando que el viento de la virgen de las tempestades barra las maléficas babas, para mirar al cielo.
Bahira Sabá

jueves, 14 de abril de 2011

Oídos sordos

Estas eran  orejas concientes de que compartían la mayor fisonomía animal. El desprecio por los cotonetes, las toallas húmedas, los cabellos que las usaban de sostén, hicieron que salten de los laterales. Decidieron independizarse, sin sigilo; podría decirse que con estruendo, procedieron a dejar el resto del cuerpo.
Ser oreja, hace que la existencia sea algo despreciable. Poco a poco en su vida liberada, fueron cobrando altura, de manera literal, no solo altura sino que fueron ganando peso.  
            Los primeros tiempos transcurrieron con algo de desorganización. Pero luego ocuparon un barrio cercano al mar; allí comenzó la primer gran epidemia, locas por la arena que se les pegaba en los pabellones, las sobrevivientes, realizaron el éxodo a las montañas. Se dividieron en pequeños grupos, con el objetode  pasar desapercibidas. El primer grupo trepó a un tren cerealero que las transportó hasta San Antonio de los cobres, otras se arrastraron por las rutas, y aunque algo magulladas aparcaron en el Uritorco. Ambos grupos se suicidaron una noche fresca, habían perdido la confianza y la autoestima debido al eco. Las menos, sobrevivieron empleadas como orejas en el Congreso Nacional.

lunes, 11 de abril de 2011

Las malas y buenas

Marita S siempre llegaba tarde, a clases, al dentista, a las citas. No lograba sincronizar su reloj interior y siempre mal calculaba los minutos que distaban entre “ya” y adonde iba. Por ejemplo, había tomado la precaución de contar cuantos minutos demoraba en tomar el ómnibus y llegar hasta la dirección de sus clases de pintura, pero cuando llegaba el jueves algún conjuro se posaba  sobre ella y un semáforo demoraba más de la cuenta, así que cruzaba los dedos para que todo funcionara, pero unas cuadras más adelante la detenía una barrera de trenes, de un tren, con el que nunca había contado y era un tren eterno, que hacía que finalmente llegara con diez minutos de retraso.
            Todos la llamaban "atrasadita" y aunque se reían con ternura del pequeño defecto de Marita, sospechaban que escondía un conflicto mayor; así que a espaldas de ella murmuraban una serie de patologías que la dulce Marita ignoraba.
            Poco a poco, frustrada, fue dejando de lado algunas obligaciones. Encontró un tiempo excedente que decidió invertir en conocer personas por Internet.
(sigue)

domingo, 10 de abril de 2011

Cansado

Cansado.
¡Sí!
Cansado
de usar un solo brazo,
dos labios,
veinte dedos,
no sé cuántas palabras,
no sé cuantos recuerdos,
grisáceos,
fragmentarios.
Cansado,
muy cansado
de este frío esqueleto,
tan púdico,
tan casto,
que cuando se desnude
no sabrá si es el mismo
que usé mientras vivía.
Cansado.
¡Sí!
Cansado
por carecer de antenas,
de un ojo en cada omóplato
y de una cola autentica,
alegre
desatada,
y no este rabo hipócrita,
degenerado,
enano.
Cansado,
sobre todo,
de estar siempre conmigo,
de hallarme cada día,
cuando termina el sueño,
allí, donde me encuentre,
con las mismas narices
y con las mismas piernas;
como si no deseara
esperar la rompiente con un cutis de playa,
ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia,
acariciar la tierra con un vientre de oruga,
y vivir, unos meses, adentro de una piedra.
Oliverio Girondo

La insensatez

Puede decirse que muchas acciones se corresponden con lo que se ha dado a llamar insensatez. Pero la vida es acaso sensata?
En este blog, publico historias mínimas e inmensas, que corresponden a la vida propia, a la de amigas (de las que no diré su nombre), a la de personajes conocidos y a la de otros imaginarios.
Conocer tu aldea no te hace conocer el mundo, el mundo es vasto y diverso. Estas historias son una pequeña parcela, de lo inasible, sin ella, sin esta pequeña pieza ilusoria o real, aquel mundo, tal vez no sería tal.
No podemos tener la sensatez de pedirle a la mariposa que no aletee.