jueves, 14 de abril de 2011

Oídos sordos

Estas eran  orejas concientes de que compartían la mayor fisonomía animal. El desprecio por los cotonetes, las toallas húmedas, los cabellos que las usaban de sostén, hicieron que salten de los laterales. Decidieron independizarse, sin sigilo; podría decirse que con estruendo, procedieron a dejar el resto del cuerpo.
Ser oreja, hace que la existencia sea algo despreciable. Poco a poco en su vida liberada, fueron cobrando altura, de manera literal, no solo altura sino que fueron ganando peso.  
            Los primeros tiempos transcurrieron con algo de desorganización. Pero luego ocuparon un barrio cercano al mar; allí comenzó la primer gran epidemia, locas por la arena que se les pegaba en los pabellones, las sobrevivientes, realizaron el éxodo a las montañas. Se dividieron en pequeños grupos, con el objetode  pasar desapercibidas. El primer grupo trepó a un tren cerealero que las transportó hasta San Antonio de los cobres, otras se arrastraron por las rutas, y aunque algo magulladas aparcaron en el Uritorco. Ambos grupos se suicidaron una noche fresca, habían perdido la confianza y la autoestima debido al eco. Las menos, sobrevivieron empleadas como orejas en el Congreso Nacional.

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